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jueves, 5 de enero de 2017

Create Art

"Everything exytaordinary is painful, broken or destroying. Take this: a shooting star is a rock on flames, traveling across the space to its own death; every artist was completely insane, look at Van Gogh, or read Goethe's pain, none of them was sane. A broken glass creates unbeliavable forms and rainbows with the light that shines throught it.
We see beauty in other people's pain and suffering ours seem useless and dark, but notice your eyes after you cry, they may seem puffy and ugly, but stare deep inside, a whole world appears in that shiny mess.
I'm learning to love my pain, I've found oceans in my tearing eyes, I got lost in the mirror amazed by those waves. I take pictures of broken things and find art in it, maybe I got to the point that I'm so messed up that I can create art"
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Get dirty - By Kath. B
             Kath.  B.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Midnight in Paris



 ¡Feliz agosto cinéfilos! ¿Las vacaciones bien? Espero que sí. Hoy os trigo una de mis películas preferidas: Midnight in Paris. Este film de Woody Allen está protagonizado por Owen Wilson y Rachel McAdams, una pareja que antes de su boda viajan a París junto a los padres de ella.
Él es un enamorado de la capital francesa, del amor y de lo romántico. Además es ambicioso, perfeccionista, creativo y bohemio. Sin embargo, vive en Beverly Hills escribiendo guiones para Hollywood. Por otra parte, ella, es conformista, se preocupa demasiado por las apariencias y las formas, lo que la lleva a desarrollar una doble personalidad, por decirlo de algún modo: encontramos a la Inés educada, sonriente, complaciente y casi perfecta que muestra al público, pero cuando está a solas con Gil se vuelve estricta, crítica e incluso cínica. Aparecen más personajes como son los padres de Inés, que consideran a Gil un escritorzuelo y piensan que su hija merece alguien mejor. No debemos olvidarnos de Paul, un amigo de ella que es un experto en todo y se regodea en su amplio conocimiento, aunque habrá un par de ocasiones en las que sea dejado en evidencia, para deleite de los espectadores que terminan por generar una cierta animadversión hacia el personaje.
En cuanto al argumento, este está centrado en los hechos extraordinarios que le suceden al protagonista una vez que han dado las doce de la noche, pues al subirse a un extraño coche aparece en el París de los años veinte, su época favorita. Allí conocerá a personajes extraordinarios entre los que destaca el escritor Earnest Hemingway. A raíz de este primer viaje al pasado, todas las noches Gil sale al encuentro de sus ídolos artísticos. Entre sus encuentros y aventuras conocerá a una bella parisina con quien tendrá una conexión sorprendentemente fuerte.
Cabe destacar los fascinantes paisajes y secuencias que maravillan al espectador con su belleza, endulzados con una banda sonora que recoge la más pura esencia parisina. Esta película supone llevar a la gran pantalla las palabras de Hemingway: “París es una fiesta móvil”, pues plasma la magia de la noche francesa en todo su esplendor, convierte a la ciudad de la luz en una fantasía.
Aparece también el término “complejo de la edad de oro” que es el que padecen aquellos que creen que su vida habría sido más feliz si hubiesen vivido en el pasado. Así pues, con este largometraje aprendemos que jamás estamos conformes con lo que tenemos. Gil desea vivir en los años 20 y se sorprende cuando ve que la gente de esa época no solo no comparte su opinión, sino que preferirían vivir a principios de siglo.
En resumen, es una película fundamentalmente romántica, pero en el sentido estricto de la palabra. ¿Qué hay más romántico que París bajo la lluvia, con sus pintores y escritores? Además aparece lo preferido de los románticos: lo imposible. Un señor con alma vieja enamorado de una chica de otro tiempo, demasiada distancia los separa, pero es suficiente como para intentarlo.
Para finalizar os dejo algunas de mis citas preferidas de la película (la mayoría corren por cuenta de Hemingway) y la recomendación de que la veáis si tenéis pensado viajar a Paris, o no. Vedla por el gusto de descubrir la magia y la vida que esconde la noche de la ciudad.
Au revoir mes cherries !

Citas:
“No escribirá bien si tiene miedo a morir”

“La cobardía viene de no amar o no amar bien, que es lo mismo”

martes, 5 de julio de 2016

Alicia.

Siempre me sentí como Alicia, pequeña, perdida en un mundo que no comprendo, huyendo de diversas reinas rojas.
Llevo años persiguiendo al conejito blanco, intentando volver a casa, encontrar la normalidad, encajar entre los cuerdos.
De repente, cuando todo se cae a trozos, te vuelves a precipitar agujero abajo, el mundo da vueltas a tu al rededor perdiendo el sentido;  te invitan a tomar un té. En un comienzo declinas la oferta con educación, pues los dos individuos son demasiado extravagantes. ¿Qué pensarían los normales si te vieses sentada a la mesa con tales seres tan extraños? En el momento en el que estas dispuesta a volver a tu búsqueda de la "realidad" algo llama tu atención, algo que no estás acostumbrada a ver en el mundo real: mientras cantan, bailan y dicen los más extraños disparates los ves sonreír, pero no como has visto antes, las sonrisas no son forzadas, no son una bonita máscara o pintura que has de llevar en determinados momentos, las suyas son amplias, hacen que sus ojos se achinen y terminan por convertirse en muecas. Cuando se dan cuenta de que los observas se detienen momentáneamente pero vuelven a sus quehaceres poco después. "Qué extraño" piensas, no se han detenido al verme mirar, es como si no les importase la opinión de los demás. Tentada por la curiosidad te decides a aceptar la proposición, queriendo averiguar qué causa esa felicidad tan aparentemente sencilla. Lo que no esperas es oir tristes historias de los que reían a carcajadas, tu cuentas la tuya y cuando esperas que todo se suma en la tristeza inventan mil peripecias para hacerte reir. Nada de aquello tiene ningún sentido, "estáis locos" comentas en voz baja mientras ellos desvarían. "Efectivamente"- responde el sombrerero con una sonrisa- "pero, ¿conoces a algún cuerdo feliz?". Esa reflexión es la definitiva, miras por última vez al conejo que se escapa reloj en mano, siempre agobiado por el tiempo, llegar tarde y el qué dirán, te quitas los zapatos y andas descalza hasta el sombrerero y su destartalado amigo conejo. "¿Hay té para una más?"- preguntas nerviosa. "Siempre"- responde el conejo gris.
Igual que Alicia, me he decidido a quedarme con los locos, con los que ríen aunque tengan más motivos para llorar. Con los que la opinión del mundo no importa, los que, paradójicamente, con sus sinsentidos, le dan uno diferente y verdadero a mi vida.


                                                                                  A mis queridos sombrerero y conejo: Meh.
                     

                                                                                                            Kath. B.

domingo, 26 de junio de 2016

Tic tac.

Tic tac, tic tac, tic tac, la noche lo amplifica todo, lo que durante el día parece no existir, al anochecer lo ocupa todo. El reloj no me deja pensar, que tampoco quiero hacerlo, la noche confunde, distorsiona, magnifica... Durante la noche relucen los miedos, inseguridades, como las estrellas que necesitan de la oscuridad para brillar.
Tic tac, tic tac, ves las horas pasar con la mirada perdida en lo infinito del techo. Recuerdos olvidados y frases mal dichas forman torbellinos que arrasan con la calma, que aceleran el pulso, que entrecortan el aliento.
Tic tac, tic tac, la sal moja la almohada, los puños agarran con frustración las sabanas y los gritos arden en el fondo de la garganta queriendo salir a toda costa.
Tic tac, tic tac, morfeo te abandona y no ves el momento  en el que este mundo desaparezca para encontrar otro nuevo, en el que liberarse de todo lo que nos quita el sueño en este.



                                                                                                                        Kath. B.

viernes, 24 de junio de 2016

Caricias.

Caricias, ¿qué son? Técnicamente son el roce cariñoso de una mano, técnicamente. Pero, ¿cuántos tipos de caricias hay? Las nerviosas, las primeras, aquellas en las que ambas pieles se sacuden ante el contacto; las de "mírame" que terminan en el mentón elevándolo para invitar a la otra persona a alzar la vista; la que alarga la despedida, presionando con suavidad la mano contra la cara, resistiéndose a separarse; la involuntaria que se escapa de los dedos por una gravedad alternativa a la de Newton; la juguetona que busca las cosquillas; la artística que pinta los contornos del cuerpo...
Hay tantas maneras de acariciar a alguien, pero lo más curioso es que quien quiera que lea esto, donde y cuando sea, estará pensando en un tipo de caricia y en unas manos específicas.

                                                                                                      Kath. B.


Redoble.

Para qué describir lo que hay al rededor cuando es lo que menos importa. El leve roce de una nariz contra otra, la mirada que viaja de los ojos a la boca, las manos temblorosas que buscan otra piel. Los segundos se estiran hasta volverse insoportables. Las bocas entreabiertas se gritan a suspiros y los ojos se cierran para centrarse en un único sentido. Pero ese beso no llega, los ojos se abren, las narices se separan y las bocas se cierran. Reaparece el mundo, el silencio ensordece, roto únicamente por el sonido de algo que se rompe por dentro.

                                               Kath.B

Aquarelle.

Montmartre, Paris, febrero. Nubes plomizas amenazan con ahogar a la ciudad y sus habitantes. Unos pocos valientes sacan sus taburetes lienzos y utensilios a la espera de turistas a quienes retratar y, seamos honestos, desplumar.
Jean se sienta en su esquina de siempre, junto a una floristería que cerró ya hace meses, coloca la, ya vieja y desgastada, pero cómoda silla y frente a esta su caballete. Sitúa entre ambos un taburete no demasiado alto, donde se dispone a colocar su más preciado tesoro: sus acuarelas. El joven es plenamente consciente de que su técnica le priva de clientes y ganancias, pues quienes piden ser pintados prefieren tener los resultados cuanto antes, ganando así popularidad el lápiz o el carboncillo. Pero a él no le importa, la infinidad de tonalidades y texturas que puede crear con el pigmento y el agua siempre tendrá prevalencia ante los posibles beneficios.
Tras acomodarse se refugia en su grueso abrigo y se frota las manos con fuerza para intentar alejar el frío que las entumece. Se encaja el basto gorro de lana hasta que le cubre las orejas y casi los ojos y simplemente espera.
Las horas pasan sin novedad, algunas personas se acercan a preguntar los precios y cuanto tardaría en tener lista la obra e, igual que vienen, se van descontentos con alguno de los dos aspectos. Entonces, una joven envuelta en un jersey gris que le llega casi a las rodillas, en unos pantalones negros ajustados que parecen estar intentando retener todo el calor posible, y en una bufanda roja tejida a mano que le cubre hasta la nariz, adornada con un centenar de pecas; comienza a deambular entre los artistas y decide sentarse frente a una chica de pelo azul que tiene las mangas manchadas de tinta china.
Jean la sigue con la vista por el simple hecho de distraerse, ella se acomoda en el inestable asiento y se echa el pelo para atrás. Mientras la retrata con trazos rápidos y ágiles, la dibujante intenta brindarle algo de conversación, pero la modelo no parece entender el idioma y se limita a asentir distraídamente, desviando la vista. Justo cuando el joven va a volver la cabeza hacia otra parte, en busca de alguien nuevo a quien observar, sus miradas coinciden y algo dentro de él cambia. Observa con asombro los ojos verdes de la forastera, como si fuese la primera vez que viese el color en su vida. Siente la necesidad de aprenderlos y memorizarlos, cada mancha azulada, cada destello meloso, todo. En su cabeza ya la ha pintado mil veces, de mil maneras distintas, a cada cual más bella, y ella, por su parte, posa con la más tierna de las miradas. Tras unos breves segundos, que es lo que tarda ella en volver a mirar a su retratista, se desvanece ese universo creado de la nada. Unos minutos después ella se levanta,  paga lo debido, recoge cuidadosamente el lienzo y se marcha sin mirar atrás.

Desde entonces no hay día en el que él no busque entre la gente esa mirada esmeralda manchada de sal, que no la sueñe, que no la piense. En segundos encontró y perdió a su musa y temía no volverla a encontrar jamás. Cuentan los parisinos que Jean ya no acepta clientes, que se sienta en su sitio de siempre a buscar en su paleta el color que iguale a aquellos ojos verdes.

                                                   

                                                                   
                                                                                                                     Kath.B