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miércoles, 27 de julio de 2016

Yo antes de ti.

Buenas noches queridos cinéfilos, después de una temporadita sin cine hoy os traigo una película de las que sales con los ojos hinchaditos y rojos de la sala. Yo antes de ti se estrenó el pasado 1 de julio en España y está protagonizada por Emilia Clarke, conocida por su papel en la serie Juego de Tronos como Daenerys Targaryen; y Sam Clafflin, protagonista de otras películas románticas como Love, Rosie (que aprovecho y os la recomiendo) y participante de las saga Los Juegos del Hambre en la piel de Finnick Odair.
El film está basado en un best seller que comparte el nombre con la película, he de confesar que no he leído el libro, por lo que no puedo saber cuan fiel le es la adaptación, pero teniendo en cuenta que la guionista es la autora, supongo que le será bastante leal.
 La película trata sobre "Lou", una joven risueña de veintiséis años que nunca ha salido de su pueblo. La historia comienza cuando es despedida de la cafetería en la que trabaja y se ve obligada a buscar un nuevo empleo, pues vive con sus padres y su hermana mayor, que es madre soltera; y necesitan el dinero, ya que su padre está en paro. Tras un par de intentos fallidos en otros empleos acude a una entrevista para cuidar de el hijo de la familia más poderosa del pueblo, los Traynor, que se quedó tetrapléjico en un accidente. Así pues la joven y Will se ven obligados a convivir, siendo totalmente distintos e incluso se podría decir que incompatibles. Ella es habladora, despreocupada, extravagante, con un peculiar gusto para la moda, pero sin grandes ambiciones o sueños, mientras que él es callado, arisco y la mayoría del tiempo borde y sarcástico, pues antes del accidente era un apasionado de la aventura y el deporte, y ahora se ve encadenado a una silla.
La trama puede parecer previsible y, en algunos aspectos, lo es, pero incluye diversos giros inesperados que mantienen al espectador en vilo hasta el final. Aunque está clasificada como drama, el humor juega un papel esencial ya que la mayoría del tiempo lo pasas riendo por situaciones incómodas y cómicas o comentarios perspicaces, lo que hace mucho más llevadera la tensión que genera desde el inicio la discapacidad del joven.
Aunque la película incite al llanto y, de hecho, la sala entera acaba sorbiéndose los mocos en un punto u otro de la película, se sale con una sonrisa en la cara y una sensación reconfortante e inspiradora, pero no diré por qué.
Dejando a un lado la magnífica interpretación de ambos protagonistas, de la familia de ella y de su novio, Patrick, quién también genera conflicto, para los fans de Juego de Tronos os dejo unos datos curioso que seguro os sacan una sonrisa: El más relevante y obvio es que el padre de Will es interpretado por Charles Dance, el mismísimo Tywin Lannister, a quien nos extraña ver tan cordial junto a la madre de dragones. Además, el doblaje de Patrick es el mismo que el de Sam, por lo que si cerramos los ojos y los escuchamos hablar nos transportaremos a los siete reinos.
Por otra parte, si la historia de por sí no fuese suficientemente lacrimógena, la banda sonora corre a cargo de nuestro querido Ed Sheeran que le da su toque romántico y melancólico al film.
En conclusión, la película supone una brecha en el género romántico, donde abunda la creencia de que el amor lo soluciona todo y que si dos personas se quieren todo lo demás terminará por salir bien, pues aunque hay muchísimo amor, ternura y cariño, no olvida lo dura que puede ser la vida.

Aquí os dejo el trailer para que le echéis un vistazo y, si decidís ir a verla, no olvidéis los pañuelos, hacedme caso.
https://www.youtube.com/watch?v=28EKEXmkcJE

sábado, 25 de junio de 2016

TIERRA.

Con motivo de la noche de san Juan los grupos de teatro de Armilla (jóvenes y adultos) y el de Gabia se unieron para llevar a cabo una celebración, pero la suya fue pagana. Esta tribu indígena se prepara para celebrar la llegada del solsticio de verano cuando sin previo aviso la sacerdotisa recoge una misteriosa luz del cielo que lo cambiará todo. Por su parte dos jóvenes descubren lo que es el amor, pero su felicidad se ve interrumpida por la desaprobación de los suyos, que no solo intentan separarlos sino que se disponen a sacrificarla a ella a los dioses.
Esta apasionante obrita, la cual es más larga de lo que se representó la noche del  por problemas de tiempo, no consta de diálogo alguno, sino que los cuerpos de los participantes son los que hablan al público. La historia se ameniza y se sigue mediante una excelente banda sonora, en la que encontramos temas como Obertura Mdxx de Mago de Oz o Theology/Civilization de Basil Poledouris,
Por su parte, el elenco vestía con gracia un ligero vestuario hecho a mano por los mismos, pero lo más destacable sin duda eran los dibujos y patrones hechos con barro que adornaban sus pieles y los diferenciaban de cualquier otra tribu. Hay que destacar tanto el riesgo que corrieron los participantes, que más de una vez se vieron a los pies del escenario o que realmente llegaron a caer por culpa de un resbalón traicionero (nada de gravedad y todo regado con risas), como el gran trabajo y esfuerzo de todo el mundo que se vio recompensando por la total atención del público.
En definitiva, TIERRA demuestra una vez más que las palabras no siempre son necesarias para contar una historia que quedará marcada en el recuerdo de todos aquellos que asistieron a esta primitiva celebración de la vida.
Sobra decir que las artes escénicas volvieron a ejercer de elemento aglutinador entre personas que si se conocieron un lunes, el jueves ya han forjado una gran amistad.
Avisar, además, de que el grupo de Gabia ya trabaja en la segunda parte de TIERRA, AIRE. Si teneís la oportunidad, no os lo perdáis u os arrepentiréis.






viernes, 24 de junio de 2016

Aquarelle.

Montmartre, Paris, febrero. Nubes plomizas amenazan con ahogar a la ciudad y sus habitantes. Unos pocos valientes sacan sus taburetes lienzos y utensilios a la espera de turistas a quienes retratar y, seamos honestos, desplumar.
Jean se sienta en su esquina de siempre, junto a una floristería que cerró ya hace meses, coloca la, ya vieja y desgastada, pero cómoda silla y frente a esta su caballete. Sitúa entre ambos un taburete no demasiado alto, donde se dispone a colocar su más preciado tesoro: sus acuarelas. El joven es plenamente consciente de que su técnica le priva de clientes y ganancias, pues quienes piden ser pintados prefieren tener los resultados cuanto antes, ganando así popularidad el lápiz o el carboncillo. Pero a él no le importa, la infinidad de tonalidades y texturas que puede crear con el pigmento y el agua siempre tendrá prevalencia ante los posibles beneficios.
Tras acomodarse se refugia en su grueso abrigo y se frota las manos con fuerza para intentar alejar el frío que las entumece. Se encaja el basto gorro de lana hasta que le cubre las orejas y casi los ojos y simplemente espera.
Las horas pasan sin novedad, algunas personas se acercan a preguntar los precios y cuanto tardaría en tener lista la obra e, igual que vienen, se van descontentos con alguno de los dos aspectos. Entonces, una joven envuelta en un jersey gris que le llega casi a las rodillas, en unos pantalones negros ajustados que parecen estar intentando retener todo el calor posible, y en una bufanda roja tejida a mano que le cubre hasta la nariz, adornada con un centenar de pecas; comienza a deambular entre los artistas y decide sentarse frente a una chica de pelo azul que tiene las mangas manchadas de tinta china.
Jean la sigue con la vista por el simple hecho de distraerse, ella se acomoda en el inestable asiento y se echa el pelo para atrás. Mientras la retrata con trazos rápidos y ágiles, la dibujante intenta brindarle algo de conversación, pero la modelo no parece entender el idioma y se limita a asentir distraídamente, desviando la vista. Justo cuando el joven va a volver la cabeza hacia otra parte, en busca de alguien nuevo a quien observar, sus miradas coinciden y algo dentro de él cambia. Observa con asombro los ojos verdes de la forastera, como si fuese la primera vez que viese el color en su vida. Siente la necesidad de aprenderlos y memorizarlos, cada mancha azulada, cada destello meloso, todo. En su cabeza ya la ha pintado mil veces, de mil maneras distintas, a cada cual más bella, y ella, por su parte, posa con la más tierna de las miradas. Tras unos breves segundos, que es lo que tarda ella en volver a mirar a su retratista, se desvanece ese universo creado de la nada. Unos minutos después ella se levanta,  paga lo debido, recoge cuidadosamente el lienzo y se marcha sin mirar atrás.

Desde entonces no hay día en el que él no busque entre la gente esa mirada esmeralda manchada de sal, que no la sueñe, que no la piense. En segundos encontró y perdió a su musa y temía no volverla a encontrar jamás. Cuentan los parisinos que Jean ya no acepta clientes, que se sienta en su sitio de siempre a buscar en su paleta el color que iguale a aquellos ojos verdes.

                                                   

                                                                   
                                                                                                                     Kath.B